Origen de los terremotos

Génesis de los Sismos

Hoy en día se puede explicar los sismos y la mayor parte de sus propiedades en términos de teoría físicas, es por ello que debe esperarse sismos a causa del constante reajuste geológico de nuestro planeta. El origen de los sismos está vinculado con los fenómenos terrestres, que originan tremendas fuerzas que levantan montañas y profundizan las fosas marinas, dichos fenómenos están vinculados a la Tectónica de Placas, teoría que ha sido desarrollada durante los últimos veinte años por geocientíficos del todo el mundo.

Weneger llegó a la conclusión  que en la era paleozoica existió un solo supercontinente, denominado Pangaea, el cual reunía todas las masas continentales existentes hoy en día, rodeado de un océano que le dió el nombre de Pantalasa. Figura 1.

Fig. 1

Este supercontinente se fraccionó entre los periodos Cretáceo y Cuaternario, formando los continentes que hoy conocemos, los cuales se separaron y derivaron a sus posiciones actuales. Figura 2.

Fig. 2

Teoría de la Tectónica Global

La tectónica de placas explica los fenómenos tectónicos a escala global, postula que en las prominencias oceánicas se generan y se separan grandes placas de litosfera, las cuales se esparcen en dirección opuesta y aproximadamente en forma perpendicular a las prominencias, se rozan entre sí, a lo largo de grandes zonas de fallamiento o fracturamiento, debido a diferencias en la velocidad de esparcimiento entre diferentes segmentos de una misma placa, y convergen en los arcos de las islas volcánicas, fosas marinas y cinturones volcánicos, donde una de las placas convergentes desciende por debajo de la otra. Figura 3. 

Fig. 3

La litosfera esta dividida en varias placas, cuerpos tabulares rígidos de la corteza terrestre, las cuales interactúan entre sí a lo largo de sus bordes. Figura  4.  Cuando ocurre un sismo, la energia liberada origina la ruptura parcial de un sector de la litosfera. Esta ruptura tiene lugar a lo largo del plano de fracturamiento que se produce generalmente donde los esfuerzos a los cuales se somete la litosfera, son acumulados y luego liberados abruptamente. Estos planos de fracturamientos se denominan fallas y se caracterizan porque a través de ellas se puede detectar un desplazamiento de los dos bloques de litosfera adyacentes a la falla. 

Fig. 4

Un terremoto se define como un movimiento o una serie de movimientos transitorios y repentinos del terreno, que se propaga desde su origen en todas las direcciones. La mayoría de los terremotos suelen suceder en forma de grupos estrechamente relacionados, en el tiempo y en el espacio. De estos grupos, los que están formados por la ocurrencia de un terremoto de magnitud mayor que el resto reciben el nombre de premonitores o eventos secundarios, dependiendo de sí ocurren antes o después que el terremoto principal. En experimentos realizados en el laboratorio, se ha comprobado  que los eventos secundarios no son el resultado pasivo de la ocurrencia del terremoto principal, sino una continuación activa de la liberación de energía, provocada por  él. La energía liberada durante la ocurrencia de un terremoto se propaga en forma de ondas entre las cuales podemos mencionar las ondas P (primarias) y ondas S (secundarias). Las ondas P,  hacen vibrar una partícula en el sentido de propagación de las ondas, su movimiento es similar al de las ondas sonoras, las ondas P son capaces de propagarse a través de un medio sólido (por ejemplo, la roca de granito de los continentes) y a través de un medio líquido (como el magma en el interior de la tierra o el agua de los océanos). Cuando las ondas P emergen  a la superficie desde  el interior de la tierra, una fracción pequeña puede ser transmitida a la atmósfera en forma de sonido. Las ondas P se le denominan también ondas longitudinales o de  compresión.Figura 5a. Las ondas secundarias u ondas S hacen vibrar una partícula en sentido perpendicular a la trayectoria de las ondas, produciendo esfuerzos de cizalla en el medio sólido en que se propaga, a las ondas s se les denominan también ondas transversales. Figura 5b.

 

Fig. 5a

 

Fig. 5b

Terremotos en el Nororiente de Venezuela

La región Nororiental de Venezuela, se ubica en un contexto geodinámico de gran importancia geológica, enmarcada dentro del área del Gran Caribe; integrada y conectada geológicamente al sistema de placas tectónicas denominadas: (1) Nazca que afecta a la América Central, (2) Cocos con gran influencia en parte de América Central, (3) Caribe que controla todo el área en donde están localizadas las islas del Caribe y se extiende hasta la plataforma de las Bahamas y (4) Suramericana, la cual controla la Porción norte de América del Sur, especialmente Venezuela y Colombia.

El nororiente de Venezuela se encuentra en la zona de interacción entre las placas tectónicas del Caribe y de América del Sur. Figura 6.

Fig. 6

Esta región resulta particularmente interesante ya que en ella se produce un cambio de  régimen tectónico: de la comúnmente aceptada subducción  de las Antillas Menores  se pasa a un menos evidente movimiento transcurrente dextral de dirección E-W en el norte de Venezuela. No está claro que este régimen de transcurrencia sea el único responsable de los procesos tectónicos recientes a lo largo del límite sur de la placa del Caribe y norte de Sudamérica. Por el contrario, el contacto entre ambas placas es complejo y genera una amplia zona de deformación que se extiende desde el interior de la placa del Caribe hasta la parte norte de Sudamérica. La colisión de estas placas juega un papel muy importante en la actividad sísmica y volcánica de esta región, a la cual entre otras cosas se le debe la formación del sistema montañoso de la Serranía del  Interior Oriental y la cordillera de la costa, el cambio de drenaje de grandes cursos de ríos, etc. Así mismo esta colisión es la causante de los grandes fallamientos activos que controlan una buena parte de la dinámica costera de los Estados Sucre, Anzoátegui y Miranda, denominados como sistemas de fallas El Pilar – La Tortuga y Urica – La Costa. Figura 7.               

Fig. 7